domingo, 14 de marzo de 2010
jueves, 25 de febrero de 2010
martes, 2 de febrero de 2010
Preámbulo a febrero de dos fechas.
Tal vez el tiempo sí sea una pura ilusión. Tal vez sea la tristeza de vivir en un mundo gris la que define nuestra existencia. Hoy descubro que los espacios donde me encuentro son muy distintos a los que eran contigo. Mis manos son diferentes... hasta mi risa, creo. Y es que sigo pensando en los errores cometidos, añorando una habitación que solo me habla de recuerdos quietos, como diría "Soda Stéreo". Ese preciso momento que grabé a propósito para atormentarme ahora.
No encuentro un lugar donde me sienta bien conmigo, donde no se cuele algo de ti en mi cabeza. No encuentro nada en el reproductor de iTunes que pueda escuchar con simpatía o que no relacione con alguna noche de juegos de dominó, carcajadas y dibujos sin sentido. Todo pasa dando vueltas como si estuviera girando en una rueda de la "fortuna", y yo... con ganas de vomitar.
Es el mes de febrero y nunca he sido susceptible a las mediocres fechas románticas que se celebran, aunque al estar pensando en lo que escribo, recibo, irónicamente, promociones de un museo para festejar este día del desamor con "tu pareja" y eso me recuerda la pesadumbre de mi situación. Este mes, dicho sea de paso, también es el mes de tu cumpleaños y no sé qué hacer, si llamar, enviar un mensaje o definitivamente seguir en una ruta incierta donde no sé si ya todo ha desparecido o va diluyéndose lentamente hasta que llegue el momento donde acabe en un despeñadero (ojalá).
No sé nada. No veo cine desde hace tiempo, pues siempre pregunto tu opinión cuando no estás. No bajo música porque eras tú la que me alimentaba muchas veces. Tengo miedo de escuchar Mars Volta, de voltear y saber que tus formas se han ido, que no hay más partidas de "risk" ni más minipizzas por hacer, no hay más que comentar un domingo por la mañana, ni "Caótica Ana", ni martes de "blockuster", ni una noche en la azotea viendo las estrellas, no hay más dudas de física que quiera resolver, no más dedicatorias a mano de Cortázar, no más monicíclope con la caja de madera que pintaste para mí. No quiero estar aquí, en mí. No hay más nada. No quiero a febrero con sus dos fechas. No quiero extrañarte, ni aceptar que ya no estás.
No encuentro un lugar donde me sienta bien conmigo, donde no se cuele algo de ti en mi cabeza. No encuentro nada en el reproductor de iTunes que pueda escuchar con simpatía o que no relacione con alguna noche de juegos de dominó, carcajadas y dibujos sin sentido. Todo pasa dando vueltas como si estuviera girando en una rueda de la "fortuna", y yo... con ganas de vomitar.
Es el mes de febrero y nunca he sido susceptible a las mediocres fechas románticas que se celebran, aunque al estar pensando en lo que escribo, recibo, irónicamente, promociones de un museo para festejar este día del desamor con "tu pareja" y eso me recuerda la pesadumbre de mi situación. Este mes, dicho sea de paso, también es el mes de tu cumpleaños y no sé qué hacer, si llamar, enviar un mensaje o definitivamente seguir en una ruta incierta donde no sé si ya todo ha desparecido o va diluyéndose lentamente hasta que llegue el momento donde acabe en un despeñadero (ojalá).
No sé nada. No veo cine desde hace tiempo, pues siempre pregunto tu opinión cuando no estás. No bajo música porque eras tú la que me alimentaba muchas veces. Tengo miedo de escuchar Mars Volta, de voltear y saber que tus formas se han ido, que no hay más partidas de "risk" ni más minipizzas por hacer, no hay más que comentar un domingo por la mañana, ni "Caótica Ana", ni martes de "blockuster", ni una noche en la azotea viendo las estrellas, no hay más dudas de física que quiera resolver, no más dedicatorias a mano de Cortázar, no más monicíclope con la caja de madera que pintaste para mí. No quiero estar aquí, en mí. No hay más nada. No quiero a febrero con sus dos fechas. No quiero extrañarte, ni aceptar que ya no estás.
viernes, 23 de octubre de 2009
jajajajajaaj
quién como yo... para dejarme, piensan que no he probado pero he probado todo... y nada me da làstima, sino llegar a conceptos donde significamos...
domingo, 20 de septiembre de 2009
Frase
Explorar la región de la antártica es como explorar el espacio. Entras en un vacío. Miles de kilómetros sin gente, sin animales, sin plantas. Un continente basto, vacío. Claustrofobia y agorafobia a la vez, como dos personas en una cama.
Matt, en 9 songs de Michael Winterbottom.
Matt, en 9 songs de Michael Winterbottom.
Alta Traición.
No amo mi patria. Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal) daría la vida
por diez lugares suyos, cierta gente,
puertos, bosques de pinos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
(y tres o cuatro ríos).
José Emilio Pacheco
es inasible.
Pero (aunque suene mal) daría la vida
por diez lugares suyos, cierta gente,
puertos, bosques de pinos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
(y tres o cuatro ríos).
José Emilio Pacheco
lunes, 7 de abril de 2008
Cejas
He sobrevolado el mundo ceñido a tu cuerpo. En un abrazo. Sobre mi cama.
He sentido el viento pegarme en la cara y el estómago caliente. Imagino entonces tu cara, tus ojos cerrados y una sonrisa leve dibujada en tu rostro, ese rostro donde brincan dos cejas perfectamente delineadas que se mueven al ritmo de tus muecas.
A veces, por las noches, las cejas se desprenden de tu cara tomando vida, vienen conmigo, las admiro. Se meten a mi cama, y se acomodan bajo mi brazo izquierdo para dormir con una pequeña señal de satisfacción en su rostro de ceja.
Cuando creen que estoy profundamente dormido, ellas despiertan, avanzan hacia mi pecho y comienzan a cavar un agujero justo encima del corazón. Escarban. Al ingresar, una después de la otra se dejan caer sobre esa bolsa de sangre que late inexplicablemente al unísono con la que tú llevas también. Una vez sobre la superficie, tratan de meterse, se abalanzan contra la pared llena de líquido rojo. Lo logran. Es ahí donde son felices, donde duermen tranquilas, donde mi corazón les cuenta un cuento de sonidos llenos de emociones. Entonces, ellas, como yo, sueñan con tu rostro. Ahí escuchan de él.
Cuando despiertan, corren apuradas para salir de mí y emprender el camino de regreso a tu cara, donde pertenecen.
Si un día despiertas en la madrugada y te descubres sin cejas, no te preocupes, están conmigo.
He sobrevolado el mundo con tus cejas en mi corazón. En un sueño. Sobre mi cama.
He sentido el viento pegarme en la cara y el estómago caliente. Imagino entonces tu cara, tus ojos cerrados y una sonrisa leve dibujada en tu rostro, ese rostro donde brincan dos cejas perfectamente delineadas que se mueven al ritmo de tus muecas.
A veces, por las noches, las cejas se desprenden de tu cara tomando vida, vienen conmigo, las admiro. Se meten a mi cama, y se acomodan bajo mi brazo izquierdo para dormir con una pequeña señal de satisfacción en su rostro de ceja.
Cuando creen que estoy profundamente dormido, ellas despiertan, avanzan hacia mi pecho y comienzan a cavar un agujero justo encima del corazón. Escarban. Al ingresar, una después de la otra se dejan caer sobre esa bolsa de sangre que late inexplicablemente al unísono con la que tú llevas también. Una vez sobre la superficie, tratan de meterse, se abalanzan contra la pared llena de líquido rojo. Lo logran. Es ahí donde son felices, donde duermen tranquilas, donde mi corazón les cuenta un cuento de sonidos llenos de emociones. Entonces, ellas, como yo, sueñan con tu rostro. Ahí escuchan de él.
Cuando despiertan, corren apuradas para salir de mí y emprender el camino de regreso a tu cara, donde pertenecen.
Si un día despiertas en la madrugada y te descubres sin cejas, no te preocupes, están conmigo.
He sobrevolado el mundo con tus cejas en mi corazón. En un sueño. Sobre mi cama.
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